Fin de semana en Oporto

En el puente de San Vicente,

decidimos hacer una visita a nuestro país vecino que desde pequeño no había visitado. El viaje ó mejor dicho escapada, consistía en tres días en Oporto, la segunda ciudad más importante de nuestro país vecino.

Llegamos el 28 de Mayo, a Oporto, y directos al Hotel Bessa. Un magnifico hotel, un poco caro, junto a la Avenida Boavista, una de las más importantes de Portugal.

El hotel no es céntrico pero es un hotel moderno y muy funcional con parada de metro, bus y busturistic cerca. Además tiene una bonita terraza donde poder tomarte un vino o una cerveza cuando vengas rendido de patear las calles adoquinadas de Oporto, porque como dice Eva, Oporto es CANSADO!.













Decidimos por el poco tiempo que teníamos, coger la opción de por 19 euros visitar Oporto en el City Sightseeing. Todo el mundo me recomendó esta empresa y no la de los autobuses amarillos.  Los 19 euros incluían 48 horas de autobús, minicrucero de 50 minutos por el Duero y visita a las bodegas con degustación de vinos.

El 29 sonaba la trompeta de buena mañana y directos al centro. Detalle importante, preguntad a qué hora puede pasar el primer Busturistic porque estuvimos casi una hora esperando. La frecuencia no es demasiado buena en la periferia.

Una vez en el centro decidimos dar la vuelta entera para contemplar la panorámica de la ciudad y una vez llegamos a la parte de Vilanova de Gaia nos quedamos perplejos. El Duero separa Oporto (el casco viejo) de Vilanova de Gaia, donde están todas las bodegas unidos por el puente de hierro diseñado por Eiffel. Esta postal hizo el viaje por bueno. Espectacular.



Tomamos unos vinos en las terrazas de la bodegas bajo un sol espectacular en Marzo y seguidamente continuamos la visita.



Cogimos el funicular para disfrutar la vista desde otro punto de vista y seguidamente cambiamos de orilla para comernos en la parte de Oporto un magnifico bacalao. (algo caro ya que incomprensiblemente por mi parte comimos en el paseo, es decir, lo más caro). El funicular es recomendabla no sólo por las vistas desde el propio transporte sino porque el mismo te deja en lo más alto del magestuoso puente, emblema de la ciudad. Si os gustan los paisajes, esta vista no os defraudará. Desde aquí hay un agradable paseo hasta bajar a la orilla de Oporto.

Tras una buena comida, dimos un paseo por el centro para visitar la Catedral, algún edificio histórico más, la estación central y sobretodo pasear por esas arruinadas calles del centro que no decían nada, pero tenían su encanto.
Las calles del centro, están llenas de comercios tradicionales típicos de las capitales españolas hace veinte años. Si os perdeis callejeando, algo probable, no dudeis en preguntar a los portugueses, son gente muy cercana y amable. Esa es la experiencia de mis consultas.
Como Oporto es una ciudad CANSADA!! (cuesta arriba cuesta abajo y millones de adoquines!!! muestra de ello la foto que podeis ver a la izquierda) nos fuimos a descansar al hotel pasando habiendo tomado antes nuestro vino.  Aquí llegó la sorpresa! En Portugal se puede fumar en los restaurantes y los hoteles!!! Para el que es fumador, en los tiempos que corren, UN LUJAZO!!

El segundo día decidimos continuar viendo toda la parte central de Porto. La calle de Santa Catalina, el Mercado, el Palacio de la Bolsa. Tras un rato de lluvia nos refugiamos en un centro comercial y aprovechamos para comer. En este caso fue, como indicaba la guía, la hora de provar una FRANCESINHA. No está mal pero sin ser nada espectacular. Una especie de sandwich con bacon, carne, huevo frito y una salsa que lo cubría todo. Está bien sin ser espectacular. Un poco demasiado pesado. Seguidamente fuimos a tomar un café al Café Majestic.  Como teníamos el bus, decidimos volver a ver la postal de Vilanova de Gaia que como os repito "VALE LA PENA".

Algo que no sabía y me llamó la atención en Portugal fue que vi mucha cerámica. Incluso los edificios religiosos, la estación de ferrocarril (que la recomiendo ver), y muchas fachadas, están cubiertas por cerámica. En su mayoría, cerámica blanca formando grandes dibujos en tonos azules con motivos bélicos, tradicionales y religiosos. 






Tras un paseo nos dirigimos hacia la bodega Grahams. La verdad que me sorprendió lo bien montado que tenían las bodegas, aunque como aficionadillo al vino, sabía que no nos iba a gustar demasiado lo  que íbamos a catar. Son vinos de postre, demasiado altos en graduación. Podría que decir como el Pedro Jiménez español que conocemos pero menos dulzón aunque, como todo, para gustos los colores. Igualmente, recomiendo visitarlo. Como consejo destacar que los españoles no somos mayoría con lo que las visitas guiadas en las bodegas las hacen en grupos. Recomiendo ir pronto para poder entrar en un grupo de españoles y conocer los procesos de elaboración de estos caldos. Son procesos similares a los que he escuchado en otras bodegas, pero las particularidades son curiosas conocerlas.


El último día queríamos visitar alguna ciudad vecina pero la mala previsión del tiempo nos hizo decidir profundizar algo más la ciudad. Tras visitar una bonita y famosa librería, y algún detalle más, como tampoco disponíamos de demasiado tiempo, y soy un poco friki del fútbol, fuimos a ver el estadio Do Dragao, el campo del Oporto. Espectacular. Además estuve en el mismo césped. Llamémosle suerte. (Si le das la vuelta al estadio hay parking el cual tiene acceso direccto al cesped del estadio. No se como lo hice pero lo encontré)

En resumen, una ciudad para visitar en un fin de semana. No es para destinar una gran inversión a este viaje pero al fin y al cabo tiene un par de postales para no perderse antes de morirse.

Además, el pueblo portugués aunque algo escandalosos como nosotros, muy simpáticos y sobretodo muy hospitalarios.

Recomiendo esta escapada para ir un par de días. Es suficiente.

Hasta el próximo viaje.