CRUCERO CAPITALES BALTICAS. DIA 5: ESTOCOLMO

ESTOCOLMO


A las 6 de la mañana me desperté a ver la entrada a Estocolmo mientras me fumaba un cigarro en cubierta. Los compañeros de cubierta decían que llevabamos horas pasando islas. Apenas lo pude disfrutar, pero tendría una segunda oportunidad, la salida por la tarde, así que a dormir un rato!



Tras un buen desayuno, igualmente íbamos a hacer la visita por nuestra cuenta. En este caso no compramos billete para pasar el día en el autobús sino en un barco. Estocolmo tiene los monumentos rodeando una bahía y hay varios barcos que dan vueltas todo el día por unos 10 euros.


Lo primero que te das cuenta en Estocolmo, es que tiene un nivelazo la ciudad. Su gente, sus edificios, sus coches... HASTA LAS BICICLETAS QUE LLEVAN!! que hay que destacar que son muchas.
Empezamos la visita por el palacio de Drottningholm, que era lo más complicado por su situación de visitar.
De ahí continuamos por el casco antiguo de la ciudad hacia el Palacio Real. El Palacio Real en uso más grande del mundo con 600 habitaciones. Tantos hijos iban a tener????


De aquí al Ayuntamiento, compuesto por 8 millones de ladrillos. Vale la pena verlo y subier a la torre a por una genial panorámica de la ciudad.
Se pueden encontrar varios museos importantes pero en mi opinión la verdadera joya es pasear por el Camla Stan (casco antiguo) y callejera por el edificio de la bolsa, la catedral de estocolmo, el Museo Nobel, la iglesia Alemana de Estocolmo y el ya mencionado Palacio Real.




Finalmente llegamos al Museo Vasa. Ojo con las colas, pero aseguro que vale la pena ya que este barco-museo es el museo más visitado de los Países Escandinavos. Junto a él, el parque de atracciones Grona Lund. Decidimos no visitarlo por tiempo y dedicarlo al Tiboli de Copenague.
Estocolmo es una ciudad que pese a no ser espectacular, me quedé con ganas de estar más tiempo, y en esto de los cruceros, manda el reloj!



Señores, la joya de esta ciudad, no estaba en la ciudad. Una vez llegados al barco, pasamos por el camarote a por un jersey, y subimos a cubiera. Nos colocamos las tumbonas hacia el exterior, y con un buen cocktel, esperamos a la salida del crucero. Estaba atardeciendo, y junto a nuestras amigas "las andorranas", quedamos alucinados con las 3.000 islas que atravesábamos mientras aterdecía.


Según comentaban, y así parecía, son pequeñas islas privadas donde hay una casita y un amarre para el barquito. Una pasada para tener una!! Ya que no tenemos una para nosotros, la verdad fue agradable disfrutar de ellas aunque fuera viéndolas pasar. El paisaje es muy bonito y es sorprendente la de rato que va avanzando el barco cruzando islas. Así que ya sabeis, cuando llegueis al barco nada de siesta!! a ver las 3.000 islas.